ONCE DÍAS DEL NAUFRAGIO DEL VILLA DE PITANXO:CUANDO LA ESPERANZA CHOCA CONTRA LA CIENCIA

Tras más de una semana de la tragedia, las familias siguen luchando por traer a los suyos de vuelta a casa, un regreso que se hace más improbable cada día que pasa

Han pasado casi dos semanas desde el naufragio del Villa de Pitanxo a 450 al este de la isla canadiense de Terranova, en gélidas aguas internacionales con más de 800 metros de profundidad en algunos puntos. Hoy, tras más de una semana desde que se suspendieron las labores de búsqueda de la tripulación y con los tres supervivientes de vuelta en sus casas, poco se sabe sobre el accidente marítimo más grave de los últimos 38 años.

El Villa de Pitanxo era un arrastrero congelador de 50 metros de eslora, moderno y equipado con tecnología que le permitía capear los fuertes temporales de los caladeros más complicados. Esta misma semana, el presidente de la Cooperativa de Armadores de Vigo (ARVI), Javier Touza, aseguraba que todos los barcos enviados a Terranova «están construidos para faenar en esas aguas y con duras condiciones meteorológicas». ¿Qué pudo haber pasado entonces?

Si bien las primeras conjeturas apuntaron a un golpe de mar, la versión oficial habla de un fallo del motor y los marineros experimentados no dejan de repetir que podría deberse a un fallo humano. A pesar de todo lo que se pueda decir, el Gobierno ha aclarado que la investigación oficial podría tardar hasta un año en resolverse, aunque esto no exime a expertos y familiares de hacer conjeturas y llegar a sus propias conclusiones.

Una aguja en un pajar

Sabemos que el accidente acabará esclareciéndose, o al menos conoceremos una versión oficial en menos de un año, satisfaga o no a las familias de las víctimas y los desaparecidos. Lo que desde luego no sabemos es qué pasará con esos doce tripulantes que todavía están desaparecidos. El presidente de ARVI comentaba el pasado jueves que «ahora mismo estamos buscando una aguja en un pajar»: ¿es posible encontrar los cuerpos en una zona tan amplia y con corrientes tan fuertes como Terranova?

Para Rodrigo Tuero, Capitán de la Marina Mercante y miembro de la Asociación Asturiana de Capitanes de la Marina Mercante, la respuesta es evidente: «ojalá me equivoque, pero la experiencia me dice que sin apoyo aéreo y sin soporte desde tierra que facilite cálculos para áreas de búsqueda y que coordine sus movimientos, su esfuerzo es inútil». En esto coinciden Touza y las familias de los desaparecidos, que siguen pidiendo al Gobierno español que reanude el operativo de búsqueda cuanto antes «porque estamos en el tiempo de descuento», decía María José de Pazo, hija del jefe de máquinas del pesquero y portavoz de las familias.

Que Canadá paralizase la búsqueda, para el Capitán de Marina Mercante, es lógico por «los límites de supervivencia en aguas frías y que, pasadas unas pocas horas, los cuerpos de las personas que mueren ahogadas se hunden y desaparecen de la superficie». También es importante considerar que, como apuntan Tuero y Touza, las corrientes y los vientos del Atlántico Norte condicionarían muchísimo una búsqueda «que puede extenderse miles de kilómetros». Lo más probable, según todos los expertos, es que si los cuerpos acabaron fuera del barco tras el naufragio estén muy lejos del lugar del hundimiento.

En el caso de que los tripulantes hubiesen quedado atrapados dentro de la embarcación podría contemplarse la posibilidad de descender hasta el Villa de Pitanxo con medios tecnológicos que pudiesen localizar sus cuerpos. El presidente de ARVI, por su parte, ha repetido una y otra vez que «deben priorizarse las vidas de nuestros marineros, no podemos seguir poniéndolos en riesgo para buscar a personas que, como ya sabemos, han fallecido». «Técnicamente habría alguna posibilidad, escasa, y solo si se dan unos condicionantes muy específicos», dice Rodrigo Tuero, inmersiones que el Gobierno ha comenzado a estudiar y que algunas empresas podrían llevar a cabo.

Independientemente de que la búsqueda se continúe o no, la ciencia está en contra de la esperanza y todo apunta a que las doce personas que han desaparecido bajo las aguas de Terranova no podrán volver a sus casas. «Hay que asumir que España no tiene mucha tradición, ni flota, en este tipo de operaciones», dice Tuero. Si se consigue separar la emoción de la razón, es lógico pensar que, tras asegurar el director general de la Marina Mercante, Benito Núñez, que el Villa de Pitanxo podría encontrarse a 1.000 metros de profundidad, las tareas de recuperación de los cuerpos son una utopía que probablemente no llegue a intentarse.

El accidente y sus «causas raíz»

Rodrigo Tuero fue de los primeros en asegurar que el golpe de mar no parecía una razón plausible para que un barco moderno se hundiese. «Una meteorología adversa y un fallo mecánico no son razones suficientes para que un barco moderno se hunda», asegura. «De hecho, con la metodología de investigación más habitual en el mundo marino, llamada modelo de causalidad, esas causas se las considera inmediatas al accidente, pero éste debía tener las bases preestablecidas para que ocurriera de antemano».

Tuero las llama causas raíz o básicas: aquellas que explicarían por qué el Villa de Pitanxo seguía faenando a pesar del temporal, por qué un barco preparado para las tempestades canadienses se hundió durante una tormenta o por qué el motor pudo haber fallado «súbitamente», como explica la armadora Grupo Nores, propietaria del pesquero.

«Voy a ser muy claro: los beneficiarios inmediatos de que se abracen teorías incorrectas sobre el accidente, culpando a agentes externos, sin fundamento técnico, son aquellos que han tenido responsabilidad», decía en un artículo que hoy ya es viral, porque «esto tiene un impacto económico directo sobre las víctimas, ya que no es lo mismo indemnizar a un familiar de un fallecido por agentes externos, que por negligencia o dolo».

De hecho, las familias solicitaron el pasado jueves al Gobierno datos que el propio Tuero había sugerido que serían necesarios para la resolución de la investigación: «la correspondencia completa con el buque, registros del departamento técnico, registros de la gestión de la seguridad y hasta copias de manuales de equipos».

Explica que, en el caso del Villa de Pitanxo, una causa raíz podría ser «un mal diseño del buque, de sus cálculos de estabilidad o quizás de su incorrecto manejo por el personal de a bordo». Hace referencia también a la mala aplicación o la ausencia de protocolos de seguridad y manejo del arrastrero, sobre lo que también las familias han pedido explicaciones al Gobierno.

En el caso del fallo mecánico, aunque esto son conjeturas «puramente teóricas», Tuero habla «de un mantenimiento inadecuado o realizado en contra de las recomendaciones del fabricante, o también por haber modificado determinados equipos del buque sin el permiso y la supervisión de la administración».

Todo esto, en teoría, será lo que estudie la Comisión de Investigación de Accidentes e Incidentes Marítimos (Ciaim), dependiente del Ministerio de Transportes, que pondrá sobre la mesa todas las posibles «negligencias» o descuidos previos al viaje del Villa de Pitanxo a Canadá, así como durante la madrugada del 15 de febrero, para esclarecer por qué habría fallado el motor de un arrastrero «perfectamente equipado y preparado para trabajar en ese caladero», en palabras de Javier Touza.

Hasta hoy únicamente se ha comenzado la primera fase de la investigación, en la que se está haciendo una recopilación de evidencias documentales y electrónicas sobre el buque, su tripulación y su viaje. Por el momento, no hay una causa definitiva del accidente y para la investigación no se ha establecido ninguna hipótesis previa, una investigación que podría tardar en resolverse hasta doce meses.

FUENTE:AQUÍ